Armand Duplantis, el rey de la pértiga que no encuentra techo

  • Duplantis ha llevado el récord mundial de pértiga de 6,17 a 6,31 m con 15 plusmarcas en seis años.
  • Torun, en Polonia, es su lugar talismán: allí comenzó su era de récords y ahora vuelve como gran favorito al Mundial indoor.
  • Su dominio se basa en la velocidad de carrera, ajustes técnicos constantes y una regularidad sin precedentes por encima de seis metros.
  • Compatibiliza su hegemonía deportiva con una incipiente carrera musical en la que ya acumula millones de reproducciones.

saltador de pértiga en competición

En apenas seis años, Armand ‘Mondo’ Duplantis ha cambiado para siempre el salto con pértiga. Lo que antes parecía territorio exclusivo de mitos como Serguéi Bubka se ha convertido en un terreno que el sueco domina con una autoridad poco vista en la historia del atletismo mundial, encadenando récord tras récord sin apenas margen para el resto de especialistas.

Su nombre está asociado ya de forma inseparable a dos escenarios europeos: Torun, en Polonia, donde comenzó su serie de plusmarcas en 2020, y Uppsala, en Suecia, donde hace apenas unos días volvió a elevar el listón de la historia hasta 6,31 metros en el meeting que lleva su propio nombre, el ‘Mondo Classic’.

De Torun a Uppsala: seis años de dominio absoluto

El 8 de febrero de 2020, en el pabellón de Torun, Duplantis dejó al mundo boquiabierto al superar los 6,17 metros, arrebatando el récord vigente al francés Renaud Lavillenie. Con 20 años, cuerpo aparentemente normal para los cánones de la especialidad y una sonrisa permanente, rompió la barrera psicológica que lo separaba del estatus de leyenda.

Aquel día, mientras sonaba a todo volumen ‘Levels’, de Avicii, el sueco se plantó en la pista sin una idea clara de cómo debía sentirse alguien que está a punto de batir un récord mundial. Llegaba con confianza, después de haber rozado la plusmarca unos días antes en Düsseldorf, pero sin comprender del todo lo que estaba a punto de suceder. La combinación de ruido, energía en las gradas y seguridad en sí mismo le empujó a conquista histórica.

En Torun no estuvo solo. El canadiense Shawn Barber, campeón del mundo en 2015 y saltador de seis metros, le dio un consejo clave tras su primer intento: subir un poco el agarre de la pértiga. Duplantis escuchó, ajustó el gesto y acertó. Años después, ya tras el fallecimiento prematuro de Barber, el sueco recuerda ese detalle con una mezcla de agradecimiento y emotividad, consciente de que aquel pequeño matiz le ayudó a cruzar una frontera mental.

Apenas un mes después de ese estreno fulgurante, la pandemia de coronavirus paralizó el planeta. El joven plusmarquista mundial, como tantos deportistas de su generación, quedó marcado por un periodo extraño, sin público en las gradas y con competiciones en silencio. Esa etapa, recuerda ahora, le hizo valorar de otra manera el papel del deporte como espacio para reunir a la gente y compartir emociones.

Lejos de frenar su progresión, estos años convulsos han servido para reforzar su ambición. Desde aquel 6,17 en Torun, Duplantis ha ido subiendo el listón centímetro a centímetro hasta situar el récord en 6,31 metros en Uppsala, completando una progresión de 14 centímetros repartidos en 15 plusmarcas mundiales entre pista cubierta y aire libre.

saltador de pértiga celebrando un récord

Un récord tras otro: la mecánica del plusmarquista

El reciente registro de 6,31 metros llegó en casa, en el pabellón de Uppsala, en una reunión organizada por él mismo. Allí, Duplantis firmó su decimoquinto récord mundial en la prueba, ante su público y con una banda sonora muy especial: su propio tema ‘Feeling Myself’, con el que ha debutado como músico.

En esa cita se vio a un atleta aún más rápido y agresivo en la carrera de aproximación. Ha pasado de 20 a 22 apoyos para cubrir los 45 metros del pasillo, lo que le permite entrar al cajetín con más velocidad y energía. Esa potencia extra le da margen para doblar una pértiga más rígida, capaz de devolverle más impulso hacia arriba. Era un cambio que llevaba años persiguiendo sin éxito; en Uppsala por fin encajó todas las piezas.

Los entrenamientos avalan que el techo está lejos: en sesiones privadas asegura haber estado ya cerca de los 6,35 metros. Por eso, el salto de 6,31 no se interpreta como un punto final, sino como otra pantalla superada en un videojuego en el que siempre hay un nivel más exigente esperando. De hecho, el propio Duplantis evita fijarse un límite claro y se muestra poco interesado en las cifras concretas, más allá de su valor simbólico.

Su forma de gestionar la progresión tiene, además, un componente estratégico evidente. World Athletics premia cada récord mundial con un bonus económico de 100.000 dólares. Subir el listón centímetro a centímetro maximiza el número de ocasiones en las que puede acceder a ese premio, en lugar de realizar de golpe una mejora muy amplia que reduzca sus oportunidades futuras.

Con 26 años, suma ya alrededor de 130 victorias en competiciones de pértiga, con rachas de decenas de triunfos consecutivos. En pista cubierta y al aire libre, ha encadenado temporadas superando regularmente los seis metros, hasta el punto de que los expertos lo consideran uno de los dominadores más sólidos que ha conocido esta disciplina en más de un siglo de historia.

Torun, ciudad talismán y nuevo gran examen

Ahora, el foco vuelve de nuevo a Europa central. Torun, la localidad polaca donde en 2020 se estrenó como plusmarquista, acoge un nuevo Mundial en pista cubierta de alto nivel dentro del calendario de invierno. Después de las ediciones en Glasgow y Nankín, el torneo regresará al corazón del continente con un programa compacto en tres días en el que se concentrarán numerosas estrellas del atletismo actual.

Duplantis llega a esta cita como doble campeón olímpico (Tokio y París), tricampeón del mundo al aire libre y triple campeón mundial bajo techo. En Torun puede igualar o seguir acercándose a los registros de Bubka en títulos indoor, reforzando aún más las comparaciones con el ucraniano, que dominó los años ochenta y noventa a base de plusmarcas milimétricas.

La prueba de salto con pértiga figura entre las más atractivas del programa por su densidad de talento. Hasta seis participantes saben lo que es superar los seis metros, algo impensable hace no tantos años. Entre ellos, destaca un nombre propio: el griego Emmanouil ‘Manolo’ Karalis, que este invierno ha alcanzado los 6,17 metros, situándose segundo en el ranking histórico tras Duplantis.

Karalis y el sueco se conocen desde adolescentes, con apenas tres semanas de diferencia en la fecha de nacimiento. Rivales en pista pero amigos fuera de ella, el griego reconoce que tener delante a alguien como Duplantis le hace pensar que, si él lo consigue, no hay motivo para que el resto no lo intente. El propio Mondo admite que el reciente 6,17 de su amigo fue un empujón extra de cara a su récord en Uppsala.

En Torun también estará el noruego Sondre Guttormsen, otro de los nombres sólidos del circuito, junto a varios pertiguistas europeos y mundiales que han coqueteado con los seis metros. En conjunto, componen uno de los concursos de mayor nivel vistos en Europa, en un contexto en el que el atletismo continental se ha convertido en el principal escaparate invernal de grandes figuras.

Un atleta que vive al límite de lo posible

El caso de Duplantis se analiza a menudo en el contexto más amplio de las grandes barreras del atletismo. Así como en velocidad se rompió la muro de los 10 segundos en 100 metros o se sobrepasaron hitos aparentemente inalcanzables en triple salto, altura o decatlón, la pértiga masculina derribó por primera vez la frontera de los seis metros en los años ochenta con Bubka. Desde entonces, cada centímetro adicional se vive casi como ciencia ficción.

Muchos expertos coinciden en que, algún día, se seguirán tumbando marcas espectaculares en pruebas como el maratón, la jabalina o los 800 metros, tanto en hombres como en mujeres. Pero hay límites que, a día de hoy, parecen casi imposibles, como bajar de nueve segundos en 100 metros masculinos, superar los 2,50 en salto de altura o acercarse a los 6,50 metros en pértiga. Cifras así rozan más la especulación que la realidad deportiva actual.

En este escenario, aparecen las inevitables preguntas sobre hasta dónde puede llegar Duplantis. Los entrenadores que lo han visto de cerca apuntan a que estaría capacitado para registrar marcas muy serias incluso en pruebas de velocidad plana. Se habla, por ejemplo, de sus 10.37 en 100 metros y de duelos en retos promocionales frente a especialistas de otras disciplinas, como el noruego Karsten Warholm.

Él, sin embargo, insiste en que no le obsesionan los números. Prefiere hablar de proceso, de sensaciones y de pequeños ajustes técnicos. Reconoce que le motiva la búsqueda constante de su mejor versión, el reto de exprimir cada intento, y no tanto alcanzar una cifra mágica que cierre el debate. Quizá por eso rehúye pronunciarse con claridad sobre si ve viable pasar de los 6,40 metros, aunque no lo descarte de forma explícita.

El propio Bubka llegó a afirmar en su día que, en una jornada perfecta, se veía capaz de acercarse a 6,40 o incluso 6,50. Si aquel diagnóstico era realista o no es difícil de saber, pero lo cierto es que hoy solo Duplantis parece en condiciones de explorar esa zona. Su combinación de velocidad, coordinación y automatismos técnicos adquiridos desde que era un niño le coloca en una dimensión difícil de replicar para sus rivales.

Un competidor sin concesiones y con los pies en el suelo

Más allá de sus registros, uno de los rasgos que mejor definen a Duplantis es su mentalidad competitiva. Encadena temporadas completas sin ceder prácticamente ningún concurso, y en muchos de ellos se reserva alturas de récord mundial para el final, cuando la victoria ya está asegurada. Aun así, insiste en que no da nunca nada por hecho.

El sueco repite que en el deporte la arrogancia es una mala compañera de viaje. Considera que infravalorar a los contrincantes es el primer paso para tropezar, sobre todo en una disciplina tan técnica como el salto con pértiga, donde un mínimo despiste puede echar abajo un concurso entero. Él mismo subraya la importancia de mantener una “concentración láser” en cada intento, sin relajarse ni siquiera en las alturas aparentemente asequibles para su nivel.

Hijo de padre estadounidense y madre sueca, nacido en Luisiana pero competidor bajo bandera nórdica, Duplantis ha construido un modelo propio de preparación en el que mezcla la tradición técnica norteamericana con la cultura atlética europea. Su mayor baza, coinciden los analistas, es la velocidad con la que entra al cajetín, muy superior a la de generaciones anteriores de pertiguistas.

Esa velocidad, combinada con una gran capacidad para transferir la energía de la carrera a la pértiga, explica que haya sido capaz de sostener rendimientos por encima de los seis metros durante ocho temporadas consecutivas. Desde los Campeonatos de Europa de Berlín 2018, donde superó por primera vez esa cota, ha convertido los seis metros en la nueva normalidad de la disciplina.

En este contexto, cada cita importante en Europa —ya sea una reunión de Diamond League, un Europeo o un Mundial indoor como el de Torun— se sigue con la sensación de que en cualquier momento puede producirse un nuevo salto histórico. El público acude al estadio no solo para ver quién ganará, sino para comprobar si el listón mundial se moverá otra vez uno o dos centímetros.

Música, espectáculo y una carrera que se expande

Mientras su figura crece sin parar en las pistas, Duplantis también se ha abierto hueco en la escena musical. Bajo el nombre artístico de ‘Mondo’, ha lanzado ya varios sencillos que acumulan millones de reproducciones en plataformas como Spotify, donde suma cientos de miles de oyentes mensuales.

Su debut llegó con ‘Bop’, un tema que vio la luz apenas unos días después de uno de sus múltiples récords mundiales. A partir de ahí han ido apareciendo nuevas canciones como ‘4L’, ‘MANS?’ y ‘Feeling Myself’. Esta última, precisamente, fue la banda sonora elegida para su plusmarca de 6,31 en Uppsala, en un guiño evidente a la conexión entre su faceta de deportista y su gusto por la música.

El estilo que cultiva se mueve en torno a un pop melódico de corte urbano, con bases electrónicas y un aire desenfadado. Él mismo comenta que componer le devuelve cierta energía infantil y juguetona, la misma que sentía cuando saltaba en el patio trasero de su casa siendo un crío. Esa sensación, asegura, se traslada luego a la pista, donde busca competir con la ligereza de quien sigue disfrutando de su juego favorito.

Además de los lanzamientos en plataformas digitales, Duplantis se ha atrevido ya con presentaciones en directo. Una de las más comentadas fue su actuación en un programa de la televisión pública sueca, en la que interpretó uno de sus temas ante las cámaras. El vídeo se viralizó rápidamente y sirvió para consolidar su imagen de deportista polifacético.

Lejos de restarle foco a su carrera deportiva, esta actividad paralela parece haber encontrado un equilibrio razonable. El propio atleta admite que muchas ideas de sus canciones surgen en momentos cotidianos, incluso en el baño, y que el estudio y la pista se han convertido en dos espacios complementarios donde canalizar su creatividad.

Con todo lo que ya ha logrado a una edad relativamente temprana, la historia de Armand Duplantis está todavía lejos de su capítulo final. Desde la ciudad polaca de Torun, donde cambió su vida en 2020, hasta la pista sueca de Uppsala, escenario de su último récord, el sueco ha ido tejiendo una trayectoria que combina una regularidad casi inhumana, una ambición controlada y una sorprendente naturalidad para convivir con la presión. Mientras en Europa se preparan para verle una vez más volar por encima de seis metros, la gran incógnita no es si volverá a batir el récord, sino cuántas veces más moverá un listón que, por ahora, solo él parece capaz de seguir levantando.