Armand Duplantis, el rey de la pértiga que ya mira a Torun

  • Duplantis logra su 15.º récord mundial con 6,31 m en Uppsala y encadena decenas de victorias consecutivas.
  • Torun, en Polonia, es el escenario talismán donde batió su primer récord en 2020 y ahora busca otro título mundial indoor.
  • Su dominio mezcla velocidad, técnica y ajustes constantes en la carrera y la pértiga, mientras rivales como Karalis elevan el nivel.
  • Compagina su hegemonía deportiva con una incipiente carrera musical, usando sus propias canciones como banda sonora en competición.

Armand Duplantis salto con pértiga

En apenas seis años, Armand ‘Mondo’ Duplantis ha cambiado por completo la escala de lo posible en el salto con pértiga. De aquel joven de 20 años que sorprendió en un pabellón casi desconocido para el gran público, a la superestrella que encadena récord tras récord y títulos mundiales, el sueco se ha convertido en la gran referencia del atletismo actual.

Su último hito, los 6,31 metros alcanzados en Uppsala durante el Mondo Classic, ha sido mucho más que un centímetro añadido a la tabla de plusmarcas: consolida una hegemonía que se extiende a nivel olímpico, mundial y europeo, al tiempo que abre de nuevo el debate sobre hasta dónde puede elevarse el listón en los próximos años.

Torun, la ciudad donde empezó todo

Torun, en el corazón de Polonia, es mucho más que una ciudad de calendario para Duplantis. En febrero de 2020, en ese mismo recinto bajo techo, se presentó ante el mundo con un salto de 6,17 metros que le permitió arrebatar el récord al francés Renaud Lavillenie y situarse, de golpe, como nuevo plusmarquista mundial.

El ambiente en el pabellón, con Levels de Avicii sonando a todo volumen, fue el escenario perfecto para un cambio de era. Duplantis, un pertiguista de físico aparentemente normal, sin el aspecto imponente de los clásicos colosos de la disciplina, voló con una mezcla de velocidad, soltura y confianza que descolocó a más de uno. A partir de ese día, pasó de ser “uno más” a convertirse en el hombre a batir en la pértiga mundial.

El propio sueco recuerda esa tarde como un momento que le cambió la vida. Asegura que no tenía una idea clara de cómo se “debía” sentir al batir un récord del mundo, pero sí la certeza de que llegaba en un estado de forma sobresaliente. Había rozado la plusmarca unos días antes y llegó a Torun con la convicción íntima de que era posible. El ruido del público, la energía del entorno y la ausencia de barreras mentales hicieron el resto.

En aquella competición también tuvo un papel discreto pero decisivo el canadiense Shawn Barber, antiguo campeón del mundo y miembro del club de los seis metros. Tras un buen primer intento, Barber le sugirió que subiera ligeramente el agarre en la pértiga. Duplantis aceptó el consejo, lo aplicó en el siguiente intento y el resultado fue histórico. Años después, con Barber fallecido prematuramente, el sueco sigue recordando ese gesto como una pequeña ayuda clave en su despegue hacia la élite absoluta.

Un mes después de aquel estreno de película, el mundo se detuvo por la pandemia y aquella temporada quedó marcada por la incertidumbre. Duplantis, como tantos atletas, vivió el contraste entre el éxtasis del récord y el vacío de las gradas vacías. Él mismo reconoce que ese periodo le hizo valorar mucho más la presencia del público, el contacto con los aficionados y el sentido colectivo del deporte, incluso cuando se trata de una prueba tan “solitaria” como el salto con pértiga.

Armand Duplantis en competición

Del 6,17 al 6,31: una escalada milimétrica hacia la estratosfera

Desde aquel primer 6,17 de Torun, Duplantis ha ido elevando el listón mundial centímetro a centímetro, hasta dejarlo en los actuales 6,31 metros logrados en Uppsala. En total, 15 plusmarcas absolutas que han redibujado el techo de la disciplina y que se reparten entre grandes campeonatos y reuniones especialmente diseñadas para intentar “rascar” un centímetro más.

La receta de esta progresión no tiene un único ingrediente. El sueco ha perfeccionado un modelo propio en el que la velocidad de aproximación es casi tan determinante como la técnica en el aire. En su reciente récord en Uppsala introdujo un cambio clave: pasó de 20 a 22 apoyos en la carrera, cubriendo unos 45 metros con mayor impulso y entrando a más de 10,5 metros por segundo, una velocidad que roza los 38 km/h.

Esa mejora en la entrada le permitió por fin doblar una pértiga más rígida, con mayor capacidad de devolución de energía, que llevaba años intentando utilizar sin éxito. Él mismo reconoce que desde su salto de 6,20 metros había seguido confiando en el mismo material porque le faltaba un punto de energía en el despegue para “domar” una pértiga más dura. En Uppsala, tras cuatro años de ajustes y pruebas, esa pieza del puzle encajó.

Este avance técnico abre una nueva fase en su carrera. Duplantis habla de ese cambio como si hubiera pasado de nivel en un videojuego, accediendo a una pantalla en la que el techo vuelve a moverse un poco más arriba. En entrenamientos privados, según se ha filtrado, ya habría coqueteado con alturas en torno a 6,35 metros, un registro que muchos especialistas consideran perfectamente asumible para él a corto plazo.

Otro aspecto nada menor en esta progresión milimétrica es el factor económico. World Athletics otorga primas de 100.000 dólares por cada récord mundial batido, y el sueco ha convertido esa norma en un aliciente adicional. En lugar de “reventar” la plusmarca con saltos muy por encima de lo existente, ha preferido subir la vara centímetro a centímetro, encadenando registros y maximizando tanto la emoción deportiva como la recompensa financiera.

Desde aquel primer registro oficial de Marc Wright en 4,02 metros hace más de un siglo, la pértiga ha conocido 36 plusmarquistas, pero solo Bubka y Duplantis han dominado con tal continuidad. El ucraniano llevó el récord hasta 6,15 metros en los años ochenta y noventa; ahora, el sueco ha continuado esa escalada hasta 6,31, con la sensación compartida de que, físicamente, todavía no ha tocado techo.

Un dominio aplastante en el tartán europeo y mundial

En paralelo a la sucesión de récords, Duplantis ha construido un palmarés difícil de igualar para cualquier atleta europeo contemporáneo. A sus 26 años acumula ya dos oros olímpicos —Tokio y París—, tres títulos mundiales al aire libre, tres mundiales en pista cubierta y varios oros europeos, además de victorias en las grandes reuniones del circuito continental.

Las cifras hablan por sí solas: más de 130 triunfos en concursos de pértiga, con rachas que superan las 40 victorias consecutivas en competiciones de máximo nivel. Su última derrota se remonta al verano de 2023, en una reunión de la Diamond League en Mónaco, donde se quedó en 5,72 metros en una tarde gris que, vista con perspectiva, parece casi una anomalía.

En la última temporada, pese a algún inicio algo más discreto —como esos “solo” 6,06 metros en Clermont-Ferrand—, el sueco terminó enviando un mensaje contundente a sus rivales con el récord de Uppsala. El salto de 6,31 reforzó la percepción de que, cuando la competición se pone seria, sigue habiendo una distancia clara entre él y el resto.

Su regularidad también se mide en otro dato llamativo: lleva ocho temporadas consecutivas superando los seis metros, una barrera que durante años fue casi mítica y hoy, con él, se ha normalizado hasta el punto de ser el listón de entrada a sus competiciones importantes.

Este dominio le ha valido reconocimientos internacionales como el premio de la Academia Laureus World Sports al mejor deportista del año, un galardón que subraya no solo sus resultados, sino el impacto global de su figura. En el contexto europeo, su presencia en citas como los Juegos Olímpicos de París o los Mundiales del continente le ha situado en el centro de todas las miradas, tanto por parte del público general como de los medios especializados.

Armand Duplantis récord mundial

Karalis, Guttormsen y compañía: una competencia que empieza a apretar

Aunque su dominio es enorme, Duplantis ya no compite en el vacío. En los últimos meses, varios pertiguistas europeos han dado un salto de calidad que amenaza con recortar distancias. El nombre que más resuena es el del griego Emmanouil ‘Manolo’ Karalis, íntimo amigo del sueco y, a la vez, su rival más peligroso en la actualidad.

Karalis viene de realizar un invierno brillante, con un salto de 6,17 metros en los campeonatos de Grecia que le ha colocado como segundo en el ránking histórico. Ese registro, apenas 14 centímetros por debajo del récord mundial vigente, ha cambiado el panorama de las competiciones: Duplantis ya no se enfrenta solo a la barra, sino a un opositor capaz de acercarse a sus alturas en un buen día.

El propio Mondo admite que esa irrupción le ha servido de acicate. Ver a su amigo rozar los 6,20 metros le empujó, según reconoce, a apretar un poco más en los cambios técnicos que venía madurando para Uppsala. Quería asegurarse de seguir marcando el paso en la disciplina y no limitarse a gestionar su ventaja.

Junto a Karalis aparecen otros nombres habituales en el circuito europeo y mundial, como el noruego Sondre Guttormsen, que ya sabe lo que es superar los 6,06 metros, o el alemán Kurtis Marschall, entre otros. Además, el filipino Ernest John Obiena y varios jóvenes especialistas mantienen la presión, sabiendo que cualquier fallo del sueco podría abrir la puerta a victorias de prestigio en grandes campeonatos.

La situación recuerda, salvando las distancias, a las carreras de fondo en las que la presencia de un rival a la altura obliga al líder a exprimirse más de lo previsto. Si Karalis y compañía logran mantener su progresión, es posible que el propio Duplantis se vea forzado a arriesgar aún más en sus intentos por seguir ampliando su dominio, lo que puede traducirse en alturas todavía mayores.

Torun 2026: Mundial indoor y ciudad talismán para seguir la racha

En este contexto llega el próximo Mundial en pista cubierta de Torun, el tercer gran campeonato invernal consecutivo que acoge el atletismo internacional tras Glasgow y Nanjing. Europa vuelve a situarse como el epicentro del calendario bajo techo y, entre un buen puñado de campeones olímpicos y mundiales, el foco principal vuelve a recaer en Duplantis.

El sueco aterriza en Polonia con el cartel de favorito absoluto y con la posibilidad de sumar un nuevo título mundial indoor, que sería ya el cuarto de su carrera. De lograrlo, igualaría el registro de Sergey Bubka bajo techo y seguiría alimentando una comparación que cada vez se hace más inevitable entre el “Zar” de los ochenta y el “Mondo” del presente.

La prueba de pértiga en Torun se presenta como una de las más atractivas del programa. Hasta cinco participantes acreditan marcas por encima de los seis metros, lo que garantiza un nivel de exigencia muy alto. Aun así, Duplantis parte con una ventaja evidente: no solo es el plusmarquista mundial, sino que conoce el escenario, la pista y la atmósfera del recinto como pocos.

Además del componente sentimental, la cita llega en un momento dulce para el sueco, que viene de recuperar sensaciones tras su récord en Uppsala. Él mismo admite que le hace especial ilusión regresar al lugar donde “todo empezó” y comprobar hasta qué punto puede seguir estirando su racha de plusmarcas y títulos.

Para el atletismo europeo, la presencia de Duplantis en Torun es también un reclamo de primer nivel. Junto a otras figuras como la británica Keely Hodgkinson en 800, Yulimar Rojas en triple o varios campeones de velocidad y mediofondo, su concurso asegura que el campeonato tenga un seguimiento notable en todo el continente, con especial interés en los países con tradición de pértiga como Suecia, Grecia, Alemania o Francia.

Música a todo volumen: del tartán al estudio de grabación

Más allá de lo estrictamente deportivo, Duplantis ha aprovechado su carisma para abrirse camino en un terreno poco habitual para un atleta de su nivel: la música. Bajo el nombre artístico de “Mondo”, ha lanzado ya varios sencillos que combinan un pop melódico de corte urbano con ritmos electrónicos ligeros y un tono optimista y accesible.

Su debut llegó con “Bop”, publicado a finales de febrero de 2025, apenas unos días después de uno de sus tantos récords mundiales. A partir de ahí fueron llegando “4L” y “MANS?”, hasta desembocar en “Feeling Myself”, el single que ha servido de banda sonora de su último récord mundial en Uppsala y que sonó por megafonía antes de su salto a 6,31 metros.

Estas canciones, disponibles en plataformas como Spotify, han ido ganando tracción: “Bop” supera ya los dos millones de reproducciones, mientras que “Feeling Myself” y “4L” rondan el millón y medio, y “MANS?” avanza progresivamente con cientos de miles de escuchas. Sin llegar al fenómeno de un artista de masas, la cifra es notable para alguien cuya actividad principal sigue siendo el atletismo.

El propio Mondo ha explicado que la música le aporta una energía diferente, casi infantil, que le ayuda a sentirse de nuevo como cuando saltaba en el patio de su casa. Compone de manera bastante espontánea —ha llegado a contar que muchas ideas le surgen literalmente en el baño— y no esconde que se lo toma cada vez más en serio, sin que ello le reste foco a su carrera deportiva.

Su perfil mediático ha crecido también gracias a actuaciones en directo, como la que realizó en un programa de la televisión pública sueca, donde se estrenó cantando en vivo. Las imágenes se viralizaron y reforzaron la imagen de un deportista que, además de dominar su especialidad, no teme mostrarse en otros escenarios con la misma naturalidad.

Armand Duplantis atleta europeo

Entre la barrera de los 6,40 y el mito de los 6,50

Los números actuales de Duplantis y la evolución histórica de la pértiga han alimentado inevitablemente el debate sobre cuál es el límite humano en esta disciplina. Hay quien sueña con los 6,50 metros, mientras otros consideran que incluso superar los 6,40 sería ya rozar lo imposible en términos biomecánicos.

Si se mira la progresión reciente, el sueco ha subido el récord mundial en 14 centímetros respecto al 6,17 inicial. De repetir esa misma ganancia, el listón se situaría en 6,31 + 0,14, es decir, 6,45 metros, una marca que hoy muchos especialistas ven como una quimera. Por eso, los escenarios que se manejan como más realistas giran en torno a 6,35 como objetivo alcanzable y 6,40 como frontera que requeriría un día absolutamente perfecto.

El propio Duplantis, sin embargo, rehúye hacer pronósticos numéricos. Suele insistir en que no es especialmente “obsesivo” con las cifras y que prefiere centrarse en el proceso: entrenar, competir, ajustar detalles técnicos y seguir buscando la mejor versión de sí mismo. La idea de perseguir un número concreto le resulta menos estimulante que el simple hecho de tratar de subir el listón, literal y metafóricamente, cada vez que salta.

No faltan voces autorizadas que creen en cotas casi inverosímiles. Sergey Bubka llegó a afirmar que, en un día redondo, él mismo habría podido acercarse a los 6,40 o incluso 6,50. Declaraciones así se interpretan a menudo como un ejercicio de orgullo, pero también alimentan la hipótesis de que, con otro tipo de planificación y condiciones, tal vez la pértiga aún tenga margen por explorar.

En cualquier caso, la comparación constante con el ucraniano no incomoda del todo al sueco. Se les mide por número de récords, centímetros ganados y altura final alcanzada, pero Mondo parece más interesado en el viaje que en el legado estadístico. Para él, la clave está en seguir encontrando motivaciones, ya sea en la mejora técnica, en la aparición de rivales más fuertes o en la posibilidad de seguir batiendo registros en escenarios emblemáticos como Torun o los grandes campeonatos europeos.

Él mismo repite que en el deporte “nunca puedes tener demasiada arrogancia”. Un mal día, un pequeño fallo en la batida o un despiste de concentración pueden tirar por tierra un concurso. Por eso insiste en la necesidad de mantener una concentración casi quirúrgica en cada intento, incluso cuando la sensación externa es que domina la prueba a placer.

Con 26 años, dos oros olímpicos, múltiples títulos mundiales y quince récords universales, la trayectoria de Armand Duplantis sigue en plena fase ascendente. Entre su historia de amor con Torun, su conexión con el público europeo, la presión creciente de rivales como Karalis y su faceta musical como telón de fondo, el sueco se ha convertido en algo más que el mejor pertiguista de todos los tiempos: es uno de los grandes protagonistas del atletismo moderno, un atleta que ha hecho de la búsqueda de límites un hábito casi cotidiano y que, al menos por ahora, no parece haber encontrado todavía su techo real.

Armand Duplantis
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